La jornada de pesca concluyó con un apacible atardecer en medio de Playa Honda. El rio como espejo, incitaba a una navegación placentera de vuelta a casa. La imperceptible brisa negaba las últimas capturas que hubiesen coronado una faena estupenda. Pero ya era hora de volver.
Pero al llegar a las cercanías del Canal Mitre, una insipiente racha de aire por popa crispaba un poco las calmadas aguas del estuario, estimulando el instinto pescador de los marineros que prontamente, con caña en mano, aprovechaban las últimas bocanadas céfiras del día.
¿Qué había sucedido? Se preguntaban azorados. ¡Justo ahora que volvíamos, se levantó de nuevo el viento!
Parte de esta historia, nos sucedió en más de una vez a quienes cruzamos el rio cada fin de semana y contemplamos extrañados las irrupciones inexplicables de las corrientes de aire sobre el estuario platense.
Idéntica situación ocurre por la mañana temprano, cuando salimos de la guardería y emprendemos el viaje a sotavento de la brisa que golpea nuestras espaldas y al llegar al sitio de pesca elegido, nos encontramos con un panorama semejante al descripto en el comienzo de esta nota. La calma chicha.
El Terral y Virazón. Nada más ni nada menos que fenómenos locales de que se generan en poco tiempo y duran apenas unas horas, pero capaces de brindarnos una navegación confortable o no, dependiendo la hora y dirección de donde provienen.
Pero todo tiene su explicación en el mundo de la física termodinámica y algunos viejos conceptos catedráticos, vendrán en nuestra ayuda.
Se sabe que los vientos normales se generan por efecto de las diferencias de presión atmosférica entre regiones del globo terrestre. Es así como el aire que “sobra” en una región de alta presión (anticiclónica), se traslada a una región de baja presión (ciclónica) en donde “falta” el aire. Esta mecánica de compensación o equilibrio, es la que genera las corrientes de aire en todo el mundo. Pero a su vez existen lugares en donde por determinadas características topográficas, se generan pequeñas corrientes de aire, independientemente de estos grandes desplazamientos de aire a escala planetaria. Entre estos fenómenos particulares figuran los vientos que hoy nos tocan analizar. Veamos un poco más profundamente.
El Sol durante el día calienta la tierra y el agua, provocando reacciones distintas en ambos elementos. Tengamos en cuenta que el suelo se calienta mucho más rápido que el agua y ésta, por sus características especificas, tomará el calor de la superficie y lo transportará a capas inferiores retardando el proceso de calentamiento superficial.
Podemos afirmar así que la tierra se calentará y enfriará mucho más rápido que el agua que, por su condición de líquido, reacciona más lentamente a las variaciones de temperatura.
Esta diferencia de temperatura entre masas, es la que a la larga originará el naciente de estos halitos muy particulares.
El aire en contacto con una superficie caliente, toma temperatura de ésta y comienza a disminuir su densidad, se expande y a su vez pierde peso. Luego este aire más liviano, comienza a elevarse provocando corrientes ascensionales hacia arriba y arrastrando parte del calor que se encontraba sobre esta superficie, provocando una marcada baja térmica.
Estas simples explicaciones, nos servirán para comprender un poco más el proceso que ocurre particularmente en el Rio de la Plata.
Virazón. Soplo del ocaso.
Como ya explicamos anteriormente, el sol calentará durante el día, al suelo y al agua en forma pareja pero estos elevaran su temperatura en forma distinta. Vemos el caso del Rio de la Plata con sus dos orillas y la gran masa de agua entre ambas. Para el ejemplo, pensemos en una tarde calurosa de verano.